viernes, 23 de abril de 2010

Calamo currente

Cuando lo encontré estaba ahogado. Había tragado demasiado líquido. Lo llamaría agua si no fuera de este río. Este río es de impenetrable negro, una infusión de todos los sobres llenos de tinta que a él se tiraron. Pero cuando el disolvente arrastra tanto soluto, el siguiente ya no se disolverá. Y ahí estaba: ahogado, cubierto de líquido oscuro que resbalaba hasta sus esquinas; arrugado, frágil: el río lo había arrastrado pero no logró llevarse consigo sus palabras. Tratando de no romperlo, rasgué cuidadosamente uno de los lados y extraje toda su tristeza.

Encabezaban los párrafos ideas sueltas, palabras aparentemente turbias pero afiladas. Tiempo después llegaría a la conclusión de que si hubiera tenido la piedra adecuada hubiera podido desnudar aquellos jeroglíficos. Por ahora permanecían indescifrables, y lo único que podía hacer era mirar: mirar y esperar que la mera exposición me llevase a una idea, aun borrosa, de su apariencia.

Me quedé, tras "leerlo", tumbado en la hierba machacada. Sesgado. Obtuso. Cuando me dispuse de nuevo a observarlo salió el Sol y se llevó las líneas que el río no consiguió arrancar. Con un papel en blanco y la reminiscencia de lo acontecido me propuse prosear acerca de los motivos que allí me llevaron, de lo que encontré o creí encontrar, y de cómo alguien dijo adiós subido a un barco mientras otro se contentaba con caminar hacia atrás.

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1 comentario:

  1. No tengo claro porque me lo dedicas...no demasiado...
    pero aun así, gracias!^^

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