viernes, 26 de febrero de 2010

Jano

Cada instante que pasa estoy más seguro de que no hay cuento de hadas, de que las bombillas se fueron apagando una, algunas incluso no llegaron a encenderse.

¿Qué ocurre ahí dentro, pues no escuchas cuando se te habla?

Y sigo esperando ese momento, sigo esperando el momento en que te acerques y ofrezcas la otra mejilla.

Pero tú no, olvídate de la biografía que escribimos juntos desde hace tiempo: no tardé demasiado en darme cuenta de que escribía mucho mejor que tú.

Y mientras la sombra con sombra desaparece, trato de buscarla en vano por lugares que nunca pisaría o que no puede dejar de pisar, pero nunca miro al suelo. Trato de verte en lo más elevado de la percepción, pero escapas a mi sentido, entrando en la casi superstición, en la mera intuición.

Abandona mi recuerdo y acógeme en la sombra, pues el abrazo imposible que jamás me dará es el cimiento de los días venideros, que sin ti sólo serán eso: cenizas de letras y reflejos en el agua cubiertos de ascuas.

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miércoles, 24 de febrero de 2010

Escribe cien veces...

Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
Debo dejar de ser tan mediocre.
...

domingo, 21 de febrero de 2010

Policromática

Quisiera sentirte. Quisiera sentir la nieve cayendo sobre tu nariz, el copo estrellado fundiéndose al rozar tu piel cálida.

Permíteme oírte. Permíteme escuchar tus pasos rondando sobre rendijas metálicas mientras tu corazón se acelera con el pálpito de una caída, quizá ahora o quizá luego, y déjame escuchar de nuevo tus palabras, que no serían tu voz si no las pronunciaras sonriendo.

Y mientras esta fría mano se pierde sobre tu cintura confesaría mis peores miedos mirándote a los ojos y perdido en la profunda caída; déjame mostrarte que allí hay oxígeno para más de uno.

Y cuando aún sea pronto... despiértame, pues deseo besar tu cuerpo aún dormido y acariciarte para que nunca tengas pesadillas.

Deja que el suelo nos acoja durante unos instantes, nos abrace mientras yacemos indefensos, y entonces nos escupa hacia la superficie: allí no habrá oxígeno para los dos.

Prefiero, por ello, continuar dormido. Porque aquí arriba nadie me ayudará a tocar la nube sobre la que descansas, porque tendré que esperar a que el cielo se caiga en pedazos.

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lunes, 8 de febrero de 2010

Fiasco

Estoy harto de jugar a esto. No merezco más problemas que los que yo mismo me he dedicado a sembrar.

El don de la oportunidad se ha pasado de largo un par de paradas o tres, y cuando se despierte se va a llevar una sorpresa.

Me he cansado de esperar el momento en que la ansiedad pasara a convertirse en dulzura, me he aburrido de esperar que dejaras de aburrirte.

Entretanto se callan los besos de las personas a mi alrededor. Me repugna ver dos bocas juntas.

Este constante atropello ha llegado a su fin. Es hora de descolgarse de la balanza, es hora de dejar de mirar de soslayo desde aquí abajo su enorme desequilibrio.

Los cuentos, las fábulas, las sandeces de enamorado... me dan alergia.

Vete con tu feria a otro lugar donde no pueda oír el chirriar de esa noria, y decide allí lejos hacia qué lado quieres que gire.

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domingo, 7 de febrero de 2010

Anónimo

los caminos rectos nunca son buena señal.

a lo lejos, en el norte, al final de una carretera tan recta como una regla se encuentra el destino del que te quiero hablar. su asquerosa simetría oculta un sinuoso e irregular río que habrá de dar con las almas de los dos hermanos en el lago más allá de las montañas: allí todo oculta algo y lo que se te muestra es una tapadera.

puedes dejarte engañar por las luces de la calle escarlata, y entonces te darás cuenta de que no hay ni un sólo cartel que te lleve a ningún otro punto de la Ciudad. en la misma calle no encontrarás un sólo cartel que te lleve a uno de sus callejones, pues no quieren que los veas.

continúa avanzando hasta ver al ángel de piedra, continúa hasta el final donde las estrellas se tiñen de rojo y el mármol del suelo se convierte en césped y encontrarás el hogar de su amor. allí hallarás su suelo sagrado, allí descubrirás lo que su belleza esconde.

busca entre sus edificios, entre los lugares que no aparecen en el mapa encontrarás el hogar de su amor en una plaza oculta, como todo, a la vista de los que no tienen negocios allí. despierta la elegancia de sus colores, destapa las pequeñas florecitas que se han enterrado en el suelo por los golpes de la lluvia.

caza mariposas en el bosque violeta y déjalas volar otra vez. sólo quiero que me traigas un poco del polvo de sus alas para poder oler la esencia de sus pulmones y recordar el lugar en el que nos enamoramos.

despiértame cuando vuelvas de la Ciudad. y dime si has encontrado a sus arquitectos debajo del agua, en la calle principal, en el jardín, en la plaza, en el bosque o diste con ellos en los suburbios.

y entonces entenderás por qué te dije que no todo es lo que parece, y que ni el más lejano viaje puede separarme de ti.

cartas de la Ciudad

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