martes, 22 de diciembre de 2009

Claustrofobia

"Deja el título para el final".

Siempre le dijeron lo mismo, como si fuera una regla metodológica indispensable para el correcto funcionamiento del engranaje de todo lo que aquí se mueve. Y es curiosa la forma en que la profecía se cumple. Pero es fácil cumplirla cuando va a posteriori.

Dejémonos de juegos.

Hoy he mirado a través de la ventana la mezcla de vaho y niebla, interior y exterior, y no he reconocido quién era quién. Hoy he pensado en el bulto del cuello y me he quejado de la cicatriz en los ojos. Hoy he remendado la manga de esta lámpara que apenas brilla y he decidido que no voy a volver a salir. Hoy me he emborrachado con un incienso que huele a barba. Hoy he dejado, como siempre, que la corriente siga su curso sin poner más que el rostro flotando sobre ella para que me moje las pestañas. Hoy he leído tu poesía: he soplado tu lujuria y la he apagado, y he dejado que sus gotas de cera caliente se acomoden en mi brazo.

Y he pensado que , después de tanto tiempo, si me decido ahora a arrancarla quizá dolerá más que la vez que dejé que cayera sobre la piel.

Y, después de todo, la marca seguiría en el mismo sitio.

Se aprende más de las estupideces que de los aciertos.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

Terapéutico

Hasta que no lo tengo delante no llego a creerlo, a reparar en ello. Cuantas más vueltas da la ruleta más ganas tengo y no puedo esperar. Me salto los espacios, vuelvo atrás, me equivoco, incluso creo que me he equivocado cuando no es así, porque no puedo esperar. Quiero hacerte el amor, quiero hacerte el amor aunque esté prohibido. Y repetirlo una y otra vez. Al principio será lento, desconocidos, nos reconoceremos aunque esté prohibido.

Después ya nos conoceremos, y sólo será recordarnos. Me dejarás entrar. Ya sé cómo eres desde fuera, ahora quiero ponerle acento y conocerte por dentro.

Ahora sé cómo eres por dentro pero quiero seguir, repetir una y otra vez la vertiginosidad de la invención y seguir hasta que te eches a reír, hasta que nos echemos a reír los dos.

Quiero hacerte el amor hasta que nos riamos el uno del otro. Nos miraremos a las caras y sentiremos que la felicidad está en la carcajada. Nos quedaremos sin aire y no será con esfuerzo. Reconoceremos al desconocido mejor conocido sobre la tierra.

Este es tu puzle, y como quieras pondrás las piezas y aún así aparecerá tu rostro.

No hace falta que me reconozcas después, pero yo recordaré que preferí desnudarte a ti antes que al resto, por tópico. Quería ver cómo eras por dentro y descubrir todos los sitios por los que pudiera salirte pelo. Y entonces creerás que soy un idiota, pero yo sabré que durante un instante fuiste la desconocida mejor conocida sobre la tierra.

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jueves, 17 de diciembre de 2009

Ex post facto

Parpadea tus palabras y exhibe tu mirada. Es el momento.

Nada puede detenerte ya, y tu pasado es simple historia. Historias. Las dejas atrás, pero no debes olvidar que ahí se quedan, esperando el momento justo para intercalarse con tu presente. Hoy has sentido ese hálito, ese momento en que todo se detiene y ves a tu alrededor cientos de fantasmas del pasado, miedos ocultos, susurros que trataste de enterrar bajo el suelo de la memoria gastada, esperando que algún día el alcohol decidiese llevárselos consigo. Pero ahí están. Y hoy vuelven para contarlo.

Tu recuerdo es como el humo. Tu imagen sigue clara, pero no es más que una pincelada de agua en un lienzo que una vez fue de acuarela, pero aprendió a ser óleo. No soy tan absurdo. Trato de no serlo. Trato de no tratar de matar algo que puede enseñarme una lección, y esa lección es que el pasado, al menos el tuyo, es como un árbol que se va quedando más desnudo cada día, y cada vez hay menos Sol, y cada vez hay más inviernos.

Parpadea tus palabras y exhibe tu mirada. Es el momento de la farsa.

Debes intentar lavar tus prendas de vestir exteriores para que queden blancas como la nieve. Da igual lo que escondas, da igual que esos fantasmas ahora te sigan allá donde vayas. No importa que los susurros se hagan cada vez más fuertes y a veces temas que los demás puedan oírlos. Hoy es otro día. El pasado no vuelve para castigarte. Debería.

Busco la fe en un Ser capaz de establecer el orden, del caos, la justicia en la crueldad, un equilibrio entre lo que se tuvo y lo que se tendrá, entre lo que se dio y lo que se ha de recibir. Y si bien creo que ese equilibrio me ha castigado lo suficiente, puede que desde el otro lado de la balanza aún se sientan descompensados. Yo, desde luego, me siento así.

Parpadea tus palabras y exhibe tu mirada. Es el momento de la farsa que se ha convertido en realidad.

Y después de todo alguien lleva las cuentas. Y el saldo es negativo. Debes muchas almas. Y dices que la justicia es ciega, y así fue, y así es. Pero ahora desearías que no lo fuera, porque sólo te queda eso, el drama. Ahora…

…parpadea tus palabras y exhibe tu mirada.

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viernes, 11 de diciembre de 2009

Futurum

Dicen que pedir perdón es muy difícil.
Ojalá todo fuera tan fácil.

Una especie de sonrisa gastada me ha enseñado los dientes esta noche, y sigo recordándola ahora por la mañana sabiendo que no voy a volver a verla, al menos durante el día, hacia mí.

Sosteniendo las enredaderas que otrora cubrieron su rostro, ahora mira hacia arriba con los ojos entrecerrados, pidiendo más un sacrificio que una disculpa... pero sólo al saber que no se lo puedo dar, pues de cualquier otro modo siquiera me otorgaría la sensación de que a fin de cuentas todo está en mis manos.

Y no lo está. Y lo sé. Y quizá así sea mejor.

Pues de estar en mis manos realmente quizá no me convencería de que aquel sacrificio se aleja tanto de mis posibilidades, y corriendo arriesgaría de nuevo toda la chatarra que he podido recoger desde la verde caída, para volver al hoyo del que tanto me costó salir.

Ahora paso los días admirando el pasado, pasando de largo el presente y cavando poco a poco una tumba junto a un comic y un libro, lejos de donde nací, para ver si acaso así puedo llegar al lugar en el que quiero morir.

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