Hace tiempo que no me detengo a escuchar el silencio.
Hace tiempo que vivo acelerado, que pierdo el impulso propio,
que algo que no soy yo me mueve,
que persigo mi propia sombra sin saber qué la llevo a escurrirse.
Que he renunciado a mis sueños.
Que he vendido mi alma.
Que he dejado el cuaderno exactamente en el lugar en que lo dejé
envuelto aún en su papel de regalo.
Hace tiempo que no me vuelco hacia dentro.
Hace tiempo que no me sumerjo en el autoconocimiento,
que pasan los días, las semanas y las horas,
que sigo siendo un extraño, cada día más habitual.
Que me he acostumbrado a mirar al suelo,
que me he acostumbrado a ignorar las razones.
Que he olvidado preguntarme de cuando en cuando qué me trajo aquí,
qué pretendía y qué haré a continuación para lograrlo.
Quizá por miedo a parar y preguntarlo
y no encontrar respuesta o no oír mi voz en ella,
a escuchar el eco que deja el silencio cuando el pensamiento rebota en un lugar tan vacío
que ni siento pena de mí mismo por falta de ganas y tiempo.
viernes, 23 de marzo de 2012
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