Pasé años buscándolo, semanas abrazándolo y meses llorando su marcha. Ahora vuelvo a perseguirlo como un idiota que persigue el viento sacudiendo los brazos y resoplando cada vez que éste se cuela entre sus dedos.
"No queremos lo que tenemos, queremos lo que no tenemos y deseamos lo que no podemos obtener", oí en cierta ocasión, y cada día que pasa estoy más convencido de la naturaleza infantil de la vida adulta, de que todo nos parece dulce hasta que nos lo metemos en la boca.
Me convenzo como el niño pequeño de que esto sí que lo es, me convenzo de que ésta vez es superior a las anteriores, que es distinta... Probablemente sea igual, probablemente no sea más que el niño caprichoso que pasa por delante del escaparate y pierde la mirada en él mientras el tiempo tira de su manga hacia un lado.
Y esta vez ha tirado de mi manga hacia abajo y ha sido el principal eslabón en esta cadena de acontecimientos que me ha robado una sonrisa psicodélica ante las graciosas miradas de los transeúntes.
Maldito niño caprichoso. Unas veces arriba y otras abajo. Y nunca sabe cuándo ha llegado en realidad, porque en realidad siempre está de camino.

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