lunes, 29 de marzo de 2010

Primum: Acerca de cómo llegar de un charco a otro sin mojarse

Figúrate qué hubiera ocurrido si no hubiera marchado. Imagina qué hubiera pasado si en realidad no hubiera llegado al otro lado, si no hubiera cruzado la delgada línea que separa las dos orillas de un mismo mundo...

Camina. Fantasea. Dibuja sus labios, dibuja su sonrisa en el vapor que asciende desde el asfalto, trata de invocarla en el vaho que ahora sale de tus pulmones y que hace que te preguntes quién se ha quedado más frío, si el aire o tus propias entrañas.

Deslízate paso a paso, repta erguido. Trata de acicalar tus pensamientos, de ordenarlos, de darles algún sentido. Descubrirás que tienes el taladro constantemente acechando en cualquier rincón y que las reminiscencias no piden la vez: fantasmas.

Engulles el pasado, pero te alimentas de él con tanta ansia que apenas te queda para el resto del día... para lo que queda por delante.

Y miras hacia el cielo, más oscurecido de lo normal, y ves que se acumulan también las nubes físicas en la mente del planeta. Y comienza a chispear.

Entonces caminas con las manos en los bolsillos, con la capucha bien ceñida, con los hombros encogidos y la espalda encorvada. Le pides a tu memoria diversos platos pero sólo cocina uno.

Y piensas en lo que queda, en que esto es sólo el principio. Y desearías dormirte a los pies de Lénore hasta que llegase el día... pero algo te incita a continuar: quizá es su aroma, que te indica hacia abajo, por donde chorrea la sangre escarlata y las luces ensombrecen más que alumbran.

Te molesta que chispee, pero pronto pedirás que sólo fuera eso. No tienes paraguas. Y no te importa lo que piense la gente cuando te vea quitarte la capucha bajo la lluvia cercana y hacer noche sobre un charco.

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