Es incertidumbre lo que veo en el gentío. Esas risas son tan poco agradables como una palmadita en una espalda recién quemada, tan poco estimulantes porque en realidad no han comprendido que las palabras, aunque en apariencia vestidas de bondad, simpatía y cierta jocosidad no son más que la proyección de una profunda tristeza que abate a la persona que tienes delante de ti, que no sabe muy bien dónde estás vendiendo tu alma; y el gesto es en su concepción alegre y conmovedor, pero en su significado es desazón, pues sabe que no has entendido ni la mitad de sus palabras y que tu sonrisa es un modo de disimular la vergüenza que te produce no haberlo hecho, cuando su objetivo era que reparases en la razón por la que sí deberías avergonzarte.
Es tan críptico a veces al hablar que piensas que en realidad emplea otro idioma. Pobre de ti, pues no sabes que en realidad adorna con guirnaldas palabras que de otro modo sonarían duras, y que en la mera estética es donde te quedas. No es un poeta, si acaso su obra está desvaneciéndose tanto más rápido cuanto más tiempo tardó en construirse.
Dónde estarás vendiendo tu alma que ni tú lo sabes.

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