Esas veces me observaba con su pueril mirada, después la clavaba en el suelo y su boca se desencajaba atraída por él. Maldita niña loca. Tenía una sonrisa... Tenía una sonrisa, pero no sé dónde se la dejó.
Ladrona de sueños, hiladora de tópicos, ella era su propia estrella, su mundo giraba en torno a sí misma y alrededor de ella siempre había uno o más astros satélites, dando vueltas y vueltas, buscando su rostro eclipsado. Maldita araña tejedora de sueños, brillantes y pegajosos... Aún...
Y se repiten las historias, sólo cambian los personajes: de nuevo está el que quiere más, el que sufre, el que paga lo que no compró y el que siente lo que otro no. Qué cantidad de estupideces es capaz de elaborar la razón. Qué cantidad de estupideces es capaz de cometer el hombre pensante.
Y ahora pienso mientras me alejo con este papel en blanco en todas las tonterías que llegué a hacer en algún momento. Quizá caminar sea una tontería en sí misma, pero por ahora quiero seguir haciendo el tonto. Puede que algún día no quiera. Ese día espero estar lejos del puente. No quiero terminar siendo la motivación de caminar de otro sujeto perdido entre los dientes de una sonrisa que nunca se ha visto, no quiero ser tan necio como para pensar... simplemente.

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Vaya, es posíble que lea entre líneas algo más de lo que hay, quizás porque lo oriento bajo lo poco que conozco de un mundo cada vez más compartido, por lo que veo.
ResponderEliminarEl desamor. Una vez escribí "cuando acaba el amor no llega el desamor, sino el desprecio".
El otro día quise preguntarte algo que finalmente no pregunté por miedo a comunicar demasiado. Creo que esta vez te lo preguntaré.
Todo se relaciona con una chica y algo que escribí...