Las otras páginas, grises, muestran en su caso nimios detalles que quedan grabados: de una sonrisa, cómo responder; de una mirada en la oscuridad, cómo entenderla; de una caricia, cómo sostener el aliento.
Las páginas en blanco están aún por escribir. Y hay que tener paciencia: dejarlo antes de que se agoten las ideas, tapar la pluma antes de que sostenerla sin escribir alguna de estas cosas evapore la tinta sin haber sido derramada. Entendió que tenía que despedirse sin más, que la página no era negra sino gris, que la oscuridad posterior le había jugado una mala pasada. Recordó la sonrisa, la mirada, la caricia... No hay duda de que era gris. Tapó la pluma y se fue a otra parte ¿a esperar leyendo o a leer esperando?
Si no puede que la historia sea tan cansada que no sólo nadie quiera leerla, sino que nadie quiera escribirla.

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