jueves, 10 de junio de 2010

Primera página: acerca de las bombillas sobre la cabeza de aquél que no sabe iluminar nada con ellas

Caminaba por las calles más oscuras de aquella Ciudad: terrenos desconocidos para un paseante que solo nunca se atreve a adentrarse en tales lugares.

Caminaba rítmicamente acompasado a los pasos de su acompañante, caminaba esperando seguir caminando: hay ocasiones en que se prefiere no llegar al destino.

Caminaba como un pedazo de mármol que va poco a poco devastándose ante su mirada: perdido entre el nerviosismo y la cada vez menor cantidad de arena de un reloj que se desvanecía parsimoniosamente a cada latido.

Caminaba de nuevo solo, de regreso al origen: la oscuridad parecía menos oscura con la figura ahora ausente.

Caminaba hasta llegar a la puerta.

Y al encender la luz se dio cuenta de que la sombra de su acompañante había venido con él durante todo el camino de vuelta.

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