Permíteme oírte. Permíteme escuchar tus pasos rondando sobre rendijas metálicas mientras tu corazón se acelera con el pálpito de una caída, quizá ahora o quizá luego, y déjame escuchar de nuevo tus palabras, que no serían tu voz si no las pronunciaras sonriendo.
Y mientras esta fría mano se pierde sobre tu cintura confesaría mis peores miedos mirándote a los ojos y perdido en la profunda caída; déjame mostrarte que allí hay oxígeno para más de uno.
Y cuando aún sea pronto... despiértame, pues deseo besar tu cuerpo aún dormido y acariciarte para que nunca tengas pesadillas.
Deja que el suelo nos acoja durante unos instantes, nos abrace mientras yacemos indefensos, y entonces nos escupa hacia la superficie: allí no habrá oxígeno para los dos.
Prefiero, por ello, continuar dormido. Porque aquí arriba nadie me ayudará a tocar la nube sobre la que descansas, porque tendré que esperar a que el cielo se caiga en pedazos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
No hay comentarios:
Publicar un comentario