Había ciertas cosas que no podía, no debía o no quería comer. Los dulces eran su perdición. Su desayuno, en ocasiones, constaba de un plátano y un par de galletas. Si acaso le entraba hambre, iba a una tienda de golosinas y volvía con una bolsa repleta de colores: rosa, verde, amarillo, marrón... el atractivo colorido para los pequeñuelos, el dulce sabor para ella. El chocolate, dentro del grupo mayor de los dulces, le hacía enloquecer. Entre ellos, unos específicamente: unas pequeñas lonchas rellenas de crema de menta.
Cierto día, al verme con una camiseta nueva que no tenía por costumbre ponerme -de hecho, nunca me la ponía-, trató de convencerme para que lo hiciera más a menudo: "Te queda muy bien", recuerdo que me dijo, a lo que añadió: "Dicen que el verde sólo le queda bien a las personas atractivas". Mientras trataba de convencerme de que me pusiera aquella ropa más ocasiones, una de mis continuas luchas era tratar de convencerla de que ella, a fin de cuentas, era atractiva -de hecho, aplicando aquella teoría, ella misma había llevado una camiseta verde aquel "primer" día-, pero lo negaba una y otra vez. Cualquier lector entenderá por mis palabras que era otra más de esas personas que niegan una y otra vez algo sólo para que uno lo afirme una y otra vez en contra... He de admitir que, de haberlo pensado yo también alguna vez, en ocasiones advertí en sus ojos la completa seguridad de que lo que ella decía era así.
Dejémoslo aquí, por ahora.

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pues a ver como sigue:)
ResponderEliminar..mejor dicho, a ver como acaba.
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